martes 29 de abril de 2008

El carcelero austriaco habia sido condenado anteriormente por abusos sexuales


Josef Fritzl, el electricista austriaco cuyo crimen ha conmocionado a toda la sociedad, fue condenado por abusos sexuales, según informa hoy el diario británico The Times, que añade que el jubilado, de 73 años, también fue condenado por un incendio provocado y que habría pasado un tiempo no especificado en prisión a finales de los años 60.

Por su parte, el diario sensacionalista vienés Kronenzeitung afirma que el acusado tenía antecedentes penales por acoso sexual a un mujer (no emparentada con él), por lo que habría estado en la cárcel. Las autoridades rechazan confirmar estas informaciones alegando que los posibles delitos ya han prescrito.

Josef Fritzl confesó ayer su abominable crimen a la policía austriaca. Este hombre de 73 años, que secuestró y violó durante más de dos décadas a su propia hija, ha admitido ser el padre de siete niños nacidos en el sótano sin ventanas en el que la encerró en 1984. Con su confesión queda resuelto uno de los casos más graves en la historia criminal de la república alpina, "que supera todo lo conocido hasta ahora", según el responsable de la seguridad pública de Baja Austria, Franz Prucher.

Josef Fritzl, detenido el pasado sábado, contó ayer a los agentes como mantuvo encerrada durante 24 años a su hija Elisabeth en un zulo de 80 metros cuadrados y 1,70 metros del altura, que construyó en el sótano de su casa, en la ciudad industrial de Amstetten. Según su declaración, el acusado quemó en una caldera el cadáver de uno de los niños, que murió en 1996 poco después de nacer.

Tres de los niños nacidos del incesto (de 5, 18 y 19 años) han pasado toda su vida en el sótano mientras que el detenido trasladó al resto (de entre 10 y 15 años) a la casa familiar y los integró como si fueran nietos.

La aparición de los secuestrados parece un milagro. En el zulo, tenían un mínimo contacto con el mundo exterior a través de un televisor. Según informó ayer la emisora pública ORF 2, Elisabeth estaba viendo el viernes las noticias cuando el portavoz de un hospital señaló que necesitaban encontrar a la madre de una joven de 19 años para saber más sobre su historial clínico. Era su propia hija. Había sido hospitalizada por causa de una grave enfermedad, que los médicos atribuyen a una degeneración genética producto del incesto. Después, intentó convencer a su padre para que la llevará al hospital. Josef accedió y la llevó al centro, donde ella se puso en contacto con la policía.

Tres de los niños, de 19, 18 y 5 años, han estado encerrados desde que nacieron en el sótano, nunca habían visto la luz ni recibido educación, lo que ha despertado una grave inquietud sobre su estado físico y mental. Los psiquiatras señalaron ayer que las víctimas se encuentran en estado de shock. La hija mayor sigue en estado crítico. Los médicos estan ante algo núnca visto y varios psiquiatras señalan que este caso de encarcelamiente durante más de 24 años puede calificarse como único en Europa.

Las condiciones en las que tuvieron que vivir son similares a las que sufrió Natascha Kampusch, la joven austriaca que pasó ocho años confinada en una celda sin ventanas antes de escapar en agosto de 2006.